Crítica de Solo en casa por MrPenguin
Redactada: 2024-12-23
Ni turrones, ni lucecitas ni villancicos: la única tradición navideña realmente arraigada en este país, sin contar la de embucharse todas las uvas antes de la tercera campanada, es la de la consabida emisión televisiva de 'Solo en casa', ese clásico moderno en el que un jovencísimo Macaulay Culkin, dando vida al retorcido cabroncete de Kevin McCallister, tenía que pasar todas las fiestas libre de supervisión paterna. ¿Ocho años y la casa entera para ti solito? Podría parecer un sueño hecho realidad de no ser porque los McCallister, aparte de su manifiesta negligencia al irse de vacaciones con el saldo de hijos en negativo, viven en un tremendo casoplón que el pequeño Kevin, armado únicamente con su infinita —y sádica— creatividad, deberá proteger de los rateros en plena Nochebuena. Toda una odisea cuya curiosa premisa, tan dada al tono gamberro como al espíritu navideño, dejaba tanto espacio para las trampas mortales más disparatadas como, a su vez, para los momentos más entrañables. Porque nunca quedarse solo en casa por Navidad fue tan peligroso ni, por suerte para nosotros, tan divertido.
Y sí, es evidente que casi todo dentro de tan delirante premisa resulta inverosímil, pero eso, lejos de ser algo negativo, no hace sino reforzar ese halo de magia navideña, cine familiar y comedia desenfadada que su director, Chris Columbus, se esforzó por mantener presente casi en cada fotograma. Al fin y al cabo, si hay una época del año donde cualquier cosa tiene cabida —tanto si se trata de la única casa de EEUU sin un buen arsenal de armas de asalto, de unos ladrones más resistentes que el Adamantium o de un genial Joe Pesci pasándolas canutas con la reencarnación infantil del mismísimo diablo—, esa es, sin lugar a dudas, la Navidad. Todo es posible en una película irrepetible—como así lo demostraron sus interminables secuelas—, divertidísima y lo suficientemente rebosante de encanto navideño como para quedarse por siempre grabada, haciendo honor a la inolvidable 'Somewhere in My Memory' del maestro John Williams, en algún lugar de nuestra memoria.
Y sí, es evidente que casi todo dentro de tan delirante premisa resulta inverosímil, pero eso, lejos de ser algo negativo, no hace sino reforzar ese halo de magia navideña, cine familiar y comedia desenfadada que su director, Chris Columbus, se esforzó por mantener presente casi en cada fotograma. Al fin y al cabo, si hay una época del año donde cualquier cosa tiene cabida —tanto si se trata de la única casa de EEUU sin un buen arsenal de armas de asalto, de unos ladrones más resistentes que el Adamantium o de un genial Joe Pesci pasándolas canutas con la reencarnación infantil del mismísimo diablo—, esa es, sin lugar a dudas, la Navidad. Todo es posible en una película irrepetible—como así lo demostraron sus interminables secuelas—, divertidísima y lo suficientemente rebosante de encanto navideño como para quedarse por siempre grabada, haciendo honor a la inolvidable 'Somewhere in My Memory' del maestro John Williams, en algún lugar de nuestra memoria.
Guion
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Banda sonora
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Interpretación
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Efectos
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Ritmo
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Entretenimiento
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Complejidad
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Sentimiento
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Duracion
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Credibilidad
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Fotografía
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Dirección
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